Autor: 
Ricardo Desola Mediavilla
Mail: desomedi@hotmail.com





por estos versos torcidos

Por estos versos torcidos
que yo transito cansado, como quien anda un camino
(viento, soledad y pájaros que vuelan hacia otros nidos),
por estos versos que cruzan
bosques, montañas y ríos, paisajes en donde el alba
despierta sobre los pinos, desiertos de luna blanca
y tesoros escondidos,
playas donde la marea vomita peces dormidos.
Por estos versos que ahora desde estos versos escribo,
por las calles bulliciosas
de la ciudad donde vivo, por esta mano tendida
de este corazón mendigo, por la cicatriz perfecta
de tu cuerpo contra el mío
(cuando se cierra la noche, abren sus labios los lirios,
caracolas engarzadas que sueñan sueños lascivos).
Por la luz que va sembrando
telarañas de rocío. Hilos frágiles de plata
que va tejiendo el olvido, con su paciencia de araña,
en los rincones sombríos.
Por una tarde lluviosa, rasgada como un vestido,
con una mujer hermosa (vamos a poner contigo).
Por estos versos de escarcha
que siempre buscan abrigo, que se van haciendo viejos
pero siguen siendo niños, por estos versos que sangran
amapolas en el trigo,
que duelen en el costado con un dolor de cuchillo,
que saben igual que un beso después de un trago de vino.
Que quieren romper los muros
de tantos gritos cautivos, que quieren gritar silencios
hasta reventar los tímpanos. Hacia un horizonte incierto,
como quien anda un camino,
quiero seguir transitando por estos versos torcidos.



la eternidad no sufre por nosotros

La eternidad no sufre por nosotros
(le importamos un bledo).
Las estrellas no saben que existimos.
Y nosotros aqui, con nuestra torpe,
mezquina realidad que hemos alzado
como una fragil catedral de naipes.
Nacemos y morimos, pero es como si nada,
porque nadie nos mira.
Y si nos mira, calla.



a veces yo te miro

A veces yo te miro y tú no te das cuenta,
y mi amor es entonces un cazador furtivo,
y tu amor es entonces una gacela incauta.
Mientras pasas despacio las páginas de un libro,
en tu reposo el mundo se detiene y descansa.
Transcurren perezosas, parece que no pasan
las horas de la tarde, quietas y amortajadas.
La luz que en la ventana sangra el ocaso herido,
tu cuerpo prisionero de una burbuja de ámbar.
Las horas de la tarde mueren en los relojes,
se avecina un crepúsculo de amapolas ajadas.
Mientras pasas despacio las páginas de un libro
de Gabriel García Márquez, el sol en la ventana
va escribiendo la crónica de una muerte anunciada.
Yo te contemplo entonces, y tú no te das cuenta,
una tarde cualquiera, melancólica y lánguida,
y el reloj se atraganta de horas amortajadas,
y sé cuanto te quiero, y tú no sabes nada.



las cosas acontecen

Las cosas acontecen y eso es inapelable
y hay en alguna parte un engranaje oculto
que hace girar el mundo con precisión exacta.
Cada grano de arena, cada gota de lluvia
consta en el inventario.
Milímetro a milímetro la realidad avanza
y el tiempo que abandona la vida a nuestra espalda
no es más que un yermo triste de tierra conquistada.
Yo soy determinista; mi dios es una máquina.



causas perdidas

Yo que no sé ni ser como es debido,
soy poco más que un ser inanimado;
un corazón cautivo y desarmado
que muere un poco más cada latido.

La vida descarnada me ha vencido,
el mundo alrededor me ha derrotado.
Como no supe ser un buen soldado,
en un buen desertor me he convertido.

Mis barcos invencibles naufragaron,
mis bravos regimientos sucumbieron,
me desangro por más de mil heridas.

Todas mis esperanzas claudicaron,
todos mis enemigos me vencieron,
todas mis causas son causas perdidas.



Madrid

Madrid eran las calles de una ciudad extraña
(tan extraña como pudiera serlo
la mía o cualquier otra)
y un invierno incipiente rondando escaparates
y un tránsito de abrigos esquivos y ocupados.
Taxi en la Castellana,
la vida cotidiana desayunando churros
en el bar de la esquina
y una epidemia grave de semáforos huérfanos.
Nací lejos de aquí, en un lugar como éste.



doy fe de este momento

Ahora tú estás dormida y todo está en silencio
y yo estoy escribiendo y las horas no pasan
y es de noche y el mundo es un lugar lejano.
A la luz de la luna te vuelves más hermosa.
Regresan las hambrientas arañas del deseo.
Jamás se amaron tanto las sombras y las sábanas.
Y tu cuerpo desnudo como una orquídea blanca,
como un desorden súbito de la monotonía,
como una caracola que el mar dejó en la playa.
Tu cuerpo (insisto en ello), tu cuerpo abandonado
se me antoja distinto del resto de las cosas.
Quiero dejar constancia de que estás a mi lado.



desengaño

Con la edad uno piensa que nada es importante,
ni los sueños de un hombre
ni tampoco la libertad de un pueblo.
Ni el amor, ni la música,
ni los libros, ni el arte,
ni las doctas sentencias de los sabios,
ni los bellos discursos oficiales.
Con la edad uno piensa que todo es más pequeño
de lo que hubiera sido deseable.
Y que la primavera no es más que un accidente,
y que la vida entera dura solo un instante.
Y el desengaño es casi como un veneno dulce.
La memoria se entrega desnuda y sin reservas
al olvido.
Con la edad uno piensa que es demasiado tarde
para tratar de ir a cualquier parte
y uno se vuelve escéptico. Y se vuelve cobarde.



inútil sin referencias

De todas las personas que conozco
yo soy la más inútil con mucha diferencia.
Por no saber no sé ni hacer un huevo frito.
No recuerdo las fechas importantes
y no termino nunca lo que empiezo.
Las tareas más sencillas
me resultan penosas y enigmáticas
y no aprendo las cosas
aunque me las repitan veinte veces.
Puedo sacar de quicio al más paciente.
El mundo es un lugar extraño y complicado
y todos, todos, todos,
incluso los más tontos,
parecen saber algo que yo ignoro.



romance

La muerte de Federico
viene vestida de escarcha
y con un puñal clavado
en el corazón del alba.
LLoran los sauces del río
lágrimas sobre sus lágrimas
y en la taberna del pueblo
se lamentan las guitarras.
La muerte de Federico
es una muerte gitana
que sabe mirar de frente
cuando los fusiles ladran.
Desde sus ojos de hielo
los asesinos disparan;
despuntan claveles rojos
sobre su camisa blanca.
La muerte de Federico
en el suelo se desangra
cuando comienza el rocío
a preparar su mortaja.
En algunos campanarios
ya madrugan las campanas.
La luna siega una nube
con su cuchillo de nácar.



yo antes era más joven

Yo antes era más joven.
Tengo fotografías y ex-amantes
que pueden confirmarlo.
Igual de feo que ahora, igual de atolondrado,
pero mucho más joven
(creo recordar que incluso
llegué a tener veinte años).
LLevaba el pelo largo y estaba más delgado.
Me lo advirtieron, claro:
te irán saliendo arrugas,
te irás quedando calvo.
El cuerpo será entonces como un paisaje árido.
La sombra de la muerte se hará más cotidiana.
LLuvia fresca de abril,
amanecer de mayo,
sueño en la primavera
desde este último aliento que le queda al verano.
He derrochado el tiempo
de una manera impúdica.
Pensaba que la vida pasaba más despacio.



estos ojos

Estos ojos han visto otras miradas,
temerosas, esquivas, errabundas,
anegadas en lágrimas. Han visto
sangrar el horizonte por la herida
luminosa del alba.
Estas manos que escriben estos versos,
han robado caricias en las sombras
de alguna alcoba extraña.
Estas manos de arena desgranada.
Y han besado los labios de la muerte
(beso triste de pétalos de escarcha)
estos labios que os hablan.
Boca abierta que a veces, desbocada,
como un caballo indómito y salvaje,
ha besado la boca de la nada.
Y este corazón terco, empecinado,
este desvencijado mecanismo
que late golpe a golpe y nunca atrasa,
como el martillo ciego
sobre el yunque callado de la fragua,
este corazón, digo,
ya sin manos, ni labios, ni mirada,
cuando repose en brazos del olvido,
tendrá toda una vida sepultada.


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