Autor: 
Carmen Albertus
Mail: carmenalbertus@gmail.com
Página Web: http://carmen-unagotaderocio-amanecerazul.blogspot





HOY QUISE ESCULPIR TU ALMA



quise esculpir su alma
y mientras estas manos cincelaban su rostro,
descubrí en el fondo de la vida
el aliento de una mariposa.

Cambié de escenario
para seguir contemplándola,
pues el ocaso del sol se reflejaba en la ventana
que empezaba a ensombrecer la tarde.

Y descubrí los pétalos de una rosa escarlata
entre unas lágrimas bordadas
al borde del ventrículo izquierdo,
tan cerca de la sístole, que arritmia provocaba.

Pero había que seguir esculpiendo sin demora,
la sombra cada vez más cruel se adueñaba
de ese otro recinto donde la arcilla tomaba forma
de libélula ensimismada y silenciosa.

Seguí observando, ya era casi anochecido,
el latido de sus ojos violeta,
y entre caricia y caricia de mis dedos
su busto tomaba forma.

Ya esculpida su alma,
busqué aquel templo que recordaba
vestido de anciano y barba plateada, basílica
del lirio blanco, azucena de verde tallo.

¡Pero, pobre de mí!, aquel santuario ya no estaba,
solo páramo calcinado y hojarascas caídas en la mañana
y aquella arcilla a la que yo di forma cóncava
fue evaporándose sobre el velo de las estrellas y mis manos.

Carmen



VIVE EL HOY, SIN PENSAR EN EL MAÑANA.








Tengo el sortilegio de tus ojos
entre estas cuatro paredes
y tengo tu beso escondido
entre los libros de mi estudio,
auroras rotas y duendes verdes
en los bolsillos guardados.
Y esa ausencia que no fue ausencia,
y tu dolor nadando en la sangre.

Como pájaro azul que se duele
en las ramas del martirio
cuando del viento es cautivo,
holocausto sin freno ni preludio.

Tengo tus manos entre versos,
caricia que se funde en nuestras mentes,
sueño donde el mar no es distancia
cuando te pienso y me piensas.
Vive el hoy sin pensar en el mañana,
haz presente esa imagen de vida
y olvida el ocaso, infierno de la duda.

Carmen – Octubre - 2006



ME OLVIDE DE VIVIR



Un adiós involuntario
suena igual
que una caricia sin luz...

La boca emerge y camina
por un margen de sombras.
Esta vida color cemento,
este gris sendero del trabajo a casa,
los libros, aguardando el calor de mis manos,
siempre aguardando...

El resto era otra vida, otras vidas...

Me olvidé de vivir sin notar
que la piel iba perdiendo
aquellos gatos de tanta lozanía.
Arabescos de leña, nanas
sonando entre rojizos murmullos:
¡chimeneas de diciembre!

Cuatro hijos, cuatro suertes,
cuatro tesoros que amé hasta el silencio...
¡Aliados míos! Derribando barreras os despido,
os bendigo eternamente porque os amo...

¡Quién supo evitar la deserción!
Nuestros trayectos se juntan
con aliento emparejado,
como cristal inextinguible que cierra su llaga
en torno a la tarde, murmullo a murmullo...

¡Mi adorado pequeño...! ¡Mi esguince inoportuno...!
¡Mi verso abandonado!
Yo nunca te pedí una cita
ni una cena al amparo de velas azules.
Tal vez me fui embruteciendo...
Pero duele no haberlo tenido.

Hijos, llanto, versos... amor.
A dentelladas con mi soledad,
voy recobrando esta voz cristalina.
Me olvidé de vivir. Hoy vivo.

Carmen

Somos portadores de luz y poesía.



LOS RECUERDOS NUNCA MUEREN.




Para saciar la sed de tus versos,
para morir sin morir en ti,
para adelantar tres pasos al alba, para vivir...
¡Es necesario nacer!

Siempre la calma en tus pasos
y el cielo atravesando tus ojos como nube
que desprende su elixir, ruta invariable,
campo sembrado, espigas que brotan del sol.

Cada tarde sigo haciendo el rito,
sí, aquel que me enseñaste,
cuando me enseñaste a vivir.

Sigo la ruta marcada, allá donde el árbol de la ciencia
deja que lea sus hojas, sus latidos, su alma
y recuerdo tu mirada clavada en mis pupilas,
ardiente y suplicante, dulce, apasionada y tierna.

El temblor de los labios te delataba,
besos como fuego aguardaban, secreto que yo poseía
sin que te dieses cuenta del miedo en mi boca.
¿Crees acaso que era ajena a ese fuego tuyo?

Nunca miraste el alma de la rosa
e ignorante de aquella ansiedad dejaste morir
el beso antes de llegar a nacer.

Todo y nada, muros de pesadilla en el aire
y un manto de silencio aguardando en el acantilado,
allí enterramos los sueños despertando
el furor del viento.

Y mientras la tarde iba muriendo,
yo depositaba en un verso los recuerdos,
palabras de amor que nunca pronunciamos

Carmen






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